Se burlaron de ella en la fiesta de empresa de su hermano, pero no tenían ni idea de lo que hacía en realidad..

Cerca de la mesa de demostraciones, Mara habló con un ingeniero que reconoció del primer equipo. Le hizo preguntas informales. «¿Ha cambiado mucho el sistema central?», preguntó. Sus respuestas confirmaron lo que ya sentía en sus entrañas. La arquitectura central seguía siendo suya. Le habían cambiado el nombre, pero no la habían reconstruido.

Mara se apartó y envió un mensaje a su abogada, Dana. Explicó claramente la nueva amenaza: ahora no se trataba de un inversor externo robando ideas. Se trataba de una presión interna que utilizaba palabras legales para reescribir la historia. Dana respondió rápidamente: «Necesitas una admisión por escrito ligada a los documentos de la fusión que verifique que están robando tu trabajo»