La sonrisa de Diane duró exactamente medio segundo de más antes de cambiar. Sus ojos hicieron algo rápido y recalculador. Sarah lo reconoció de su infancia, ese microajuste que Diane hacía cuando una situación no iba como ella había planeado. Siempre había sido rápida. Siempre se había recuperado. Sarah se volvió hacia su izquierda y le entregó la carpeta al tío Paul.
Paul la cogió con la expresión insegura de un hombre que espera que le confirmen algo que ya cree. Leyó la primera página. Su rostro cambió. Leyó la segunda. La dejó en el suelo y miró a Diane al otro lado de la mesa durante un largo rato antes de pasar la carpeta, sin hacer comentarios, al primo que estaba a su lado. Así se fue moviendo por la mesa.