Nunca volvió a entrenar a Fortuna para cazar. No había necesidad de ello. Aprendió en cambio a descansar, a jugar, a existir sin expectativas. Su fuerza le pertenecía ahora a él, no a nadie que quisiera utilizarla.
Sam volvió al periodismo con cautela. Eligió sus historias con intención, no con urgencia. Volvió a confiar en sus instintos, sabiendo lo que le habían costado y lo que le habían salvado.