Bajo tratamiento médico, Fortune mejoró lentamente. El progreso no era espectacular, pero era real. Se puso de pie más tiempo. Caminaba más. Sus ojos parecían más claros. Sam aprendió a celebrar las pequeñas victorias, comprendiendo que la curación no se anunciaba por sí sola, sino que llegaba sigilosamente, pidiendo paciencia.
La fuerza volvía poco a poco. Fortune tenía un andar más estable y un mayor interés por la comida. Su cola se levantó ligeramente en lugar de permanecer retraída. El apetito, cuando llegaba, lo hacía con cautela al principio, luego con avidez. Sam observaba cada cambio con un alivio que no se permitía expresar en voz alta.