Un joven compra en subasta un perro rechazado y descubre la terrible verdad..

Entonces descubrió las muertes. Demasiados perros jóvenes en la flor de la vida. Los fallos repentinos se achacaban a la genética o al estrés. Las explicaciones eran escuetas, repetidas casi palabra por palabra. Sam sintió que la ira aumentaba lentamente, pesada y controlada, como siempre lo hacía antes de que la verdad se abriera paso.

Otros perros no morían. Desaparecieron. Tal vez a través de reventas silenciosas o transferencias a compradores privados. Nombres eliminados de los listados. Sam los imaginó moviéndose de un lugar a otro, cadáveres que arrastraban daños que nadie quería reconocer, una vez que el rendimiento bajó.