Sam empezó a cotejar los registros de la subasta con los mensajes del foro. Las fechas se alineaban. Los nombres se repetían. Ciertos perros aparecían brevemente, se vendían por sumas elevadas y luego desaparecían por completo de los listados públicos. Las lagunas parecían deliberadas, como huellas borradas tras el paso de alguien.
Los precios contaban su propia historia. Los perros adiestrados por determinados adiestradores se vendían sistemáticamente por mucho más que otros. Los compradores pagaban miles de euros más por animales anunciados como agresivos pero obedientes, poderosos pero controlables. Sam reconoció la lógica familiar del beneficio que justifica el riesgo.