Un joven compra en subasta un perro rechazado y descubre la terrible verdad..

Y finalmente, siempre había algo que la gente trataba de ocultar. No en voz alta. No de forma dramática. Sólo la suficiente omisión, el suficiente silencio, para que la crueldad pasara por procedimiento. Sam miró a Fortune y supo que esta vez no se alejaría de él.

Sam empezó a cavar en silencio, como siempre lo había hecho. Sin llamadas. Sin preguntas todavía. Sólo noches enteras, pestañas abiertas y notas cuidadosas. Se movió lentamente, dejando que la información viniera a él, confiando en que los patrones se revelaban más cuando no estaban apresurados.