La comida no le interesaba en absoluto. Olfateó el cuenco, se dio la vuelta y se tumbó cerca como si comer requiriera más energía de la que podía disponer. Sam dejó el cuenco fuera, esperando que el tiempo ayudara con la situación.
En lugar de eso, sus músculos empezaron a crisparse. Pequeños espasmos al principio, luego temblores más visibles a lo largo de sus hombros y piernas. Sam lo observaba de cerca, contando las respiraciones, sintiendo el pánico silencioso detrás de sus costillas.