El otro estaba cerca de los monitores de seguridad, con los brazos cruzados, observando a Clare con algo que parecía una reevaluación. «Queríamos que estuvieras aquí para esto», dijo la agente. No sin amabilidad. Se reunieron en el pequeño despacho. La misma silla. Las mismas pantallas. Esta vez, la puerta permanecía abierta. Samuel puso las imágenes.
«Ahora es cuando sales para ir al baño», dijo. La marca de tiempo parpadeó. Clare se vio a sí misma de pie. Ajustarse el bolso. Sonreía a Daniel. Todo parecía normal. Demasiado corriente. La grabación avanzó unos segundos. Y entonces, algo cambió.