Daniel le apretó los dedos, con un destello de orgullo en el rostro. «¿Mañana? «No me lo habías dicho Ella sonrió. «Quería que fuera perfecto» Pidieron champán. Brindaron por Clara, por su padre, por el futuro. El brazo de Daniel permaneció alrededor de sus hombros más tiempo de lo habitual, con el pulgar trazando pequeños círculos ausentes sobre su manga.
Clare sintió entonces una oleada de calor, algo parecido al alivio. Había hecho bien en esperar. Había hecho bien en decírselo así. Juntos. Cuando llegó la comida, Daniel deslizó un pequeño paquete por la mesa hacia ella con facilidad. «Antes de comer», dijo en voz baja. «El médico dice que ayuda a absorber» Ella lo tomó con un sorbo de agua y volvió a su plato.