Esa noche, volvió a colocar las fotos: David apoyado en el Baby Benz, David al volante, riendo, David fotografiado por amigos que ella no conocía. Las palabras de la nota le erizaron la piel. ¿Adónde había ido? ¿Por qué no había dicho nada?
Subiendo los escalones de la biblioteca, Margaret se puso nerviosa. Tenía la bendición de Evelyn, un puñado de fotografías y una sola línea manuscrita que le indicaba el norte, tal vez. Pero, ¿qué diría si encontrara a alguien que lo recordara? ¿Aceptaría las preguntas o le cerraría las puertas?