Permanecieron en silencio durante un largo rato. Evelyn le dio la vuelta a la misteriosa nota. «Siempre quiso marcharse», dijo en voz baja. «Decía que algún día iría al norte, al Niágara, quizá a Canadá. Pero nadie le creía. Cuando desapareció, la gente murmuraba cosas peores. Yo sabía que había elegido irse»
Continuó, como si hablara consigo misma: «Le encantaba estar allí. Decía que le hacía sentirse pequeño, pero libre. Una vez habló de cruzar al otro lado, de empezar de nuevo. Siempre me pregunté por él. Pero no veía qué podía hacer que no hubiera hecho ya la policía»