Dudó durante días, con las fotografías metidas en un sobre de papel manila en su tocador. Cada vez que pasaba, los rostros parecían suplicarle. Por fin, no pudo soportarlo. Encontró la dirección de Evelyn Armitage y cruzó la ciudad aferrando el sobre como si fuera contrabando.
La casa era modesta, con las contraventanas descascarilladas y un columpio en el porche que se movía con el viento. A Margaret le flaquearon las rodillas al salir al porche. Margaret se paró en el escalón, con el sobre en la mano, el corazón martilleándole como si estuviera en el instituto esperando los resultados de los exámenes.