Marsh lo dijo antes que él: «Cuando cesaron los pagos, algo cambió». No podían acudir a la policía sin denunciar el fraude y las identidades falsas. No podían ponerse en contacto con la familia sin ponerla en peligro. Pero podían enviar por correo una fotografía al detective cuyo nombre figuraba en el cierre del caso de 1994, con la esperanza de que mirara»
Dellray pensó en Patricia Hartwell, con la mente aguzada y su hija oficialmente muerta hacía 32 años. Pensó en Lorraine Calloway, pendiente de su hijo todos los días y muerta sin saberlo. Fueran cuales fueran las dimensiones legales de lo que habían hecho los Calloway, el coste humano había sido enorme.