Mi hijo llevó a casa a una niña perdida. La mujer que abrió la puerta era mi difunta esposa.

Ella los conocía. Los conocía lo suficiente. Más que suficiente. Cuando llegó a casa, sabía exactamente lo que tenía que hacer. Esa noche no dijo nada. No la miró diferente. No la acusó. No resbaló. Cenó en la mesa con Rosalind y Willow y Eli como si no acabara de enterarse de que la mujer que tenía enfrente se había hecho a sí misma con la ausencia de su esposa.

Escuchó a Willow hablar de la escuela. Observó cómo Eli sonreía por una estupidez. Dejó que Rosalind le sirviera té con manos que no temblaban lo suficiente. Si Claire se dio cuenta de algo, no lo demostró. Eso estaba bien. Aún no necesitaba que se asustara. Sólo necesitaba que se quedara. Después de cenar, cuando Willow y Eli desaparecieron en el piso de arriba, Jack encontró a Rosalind en la cocina enjuagando tazas.