La pareja apresuró sus pasos, el suelo helado crujía bajo sus botas, cada zancada les acercaba más a la salvación. Al llegar al helicóptero, la tripulación no perdió el tiempo y les ayudó a subir a bordo con una mezcla de urgencia y precisión. La mano de Peter apretó el frío metal de la barandilla mientras se izaba, con los rápidos latidos de su corazón haciéndose eco del ritmo palpitante del helicóptero. El Dr. Jensen le siguió, con una expresión de cansancio y alivio.
Al instalarse en la cálida cabina del helicóptero, el zumbido constante del motor los envolvió. Peter se inclinó hacia el Dr. Jensen y alzó la voz para hacerse oír. «¿Alguna vez pensó que saldríamos?», preguntó, con un tono de incredulidad. El Dr. Jensen, igualmente asombrado, asintió. «Es un milagro», asintió, con una sonrisa en su rostro cansado.