Los ruidos eran inquietantes, un recordatorio constante de que el desierto helado podía reclamarle en cualquier momento. Peter no pudo dormir en toda la noche. El sonido de la tormenta llenaba el refugio. «¿Sobreviviré a esto?», se preguntaba, con la ansiedad y la curiosidad debatiéndose en su mente. Sin embargo, a pesar de sus temores, no podía evitar especular sobre los secretos del iceberg, incluso mientras cuestionaba su propia seguridad.
Al sentirse solo, cada ráfaga de viento le hacía darse cuenta de lo expuesto que estaba aquí. Pero cuando el viento se calmó un poco, empezó a pensar en lo que debía hacer a continuación. A pesar de la aterradora tormenta, Peter no había renunciado a averiguar más cosas sobre el iceberg. El desafío le hizo estar aún más decidido a seguir explorando y averiguar qué estaba pasando.