Después de explicarles lo sucedido, inspeccionaron la calle, comprobando las cámaras de los timbres y las cámaras de seguridad cercanas. Verlos trabajar hizo que la situación se pareciera menos a un malentendido y más a algo que escapaba a su control. Cuando regresaron, su actitud había cambiado.
Uno de los agentes sostenía una tableta y la pantalla se detuvo en una imagen que hizo que a Evan se le acelerara el pulso. Lara había salido corriendo descalza por la puerta trasera, temblando, cayendo de rodillas junto a la casa como si intentara respirar de puro pánico. Buscó en sus bolsillos y se dio cuenta de que no llevaba el teléfono.