El dormitorio permanecía ordenado, el armario intacto, la conversación de la mañana resonando débilmente en el vacío. Resultaba imposible conciliar la tranquilidad de aquellas habitaciones con el pánico que la había impulsado a salir por la puerta. Una sensación de opresión le recorrió el pecho. Si algo la preocupaba, él debería haberlo visto.
Estaban casados. Compartían una vida. Sin embargo, esta noche había revelado una distancia que él no se había dado cuenta de que existía: una brecha lo bastante ancha como para que ella la atravesara sin decir palabra, dejando tras de sí sólo preguntas sin respuesta. Evan se sentó por fin y se obligó a respirar a pesar del pánico creciente.