«¿El perro ha estado así toda la noche?», preguntó el detective más joven. «No se ha movido ni un centímetro», respondió Elena. «Apenas pestañeó» El detective se agachó cerca del cristal, estudiándolo. «Está esperando a que ella dé una señal», murmuró. «Lo sabrá antes que nosotros cuando se despierte» Su compañera esbozó una media sonrisa. «Aceptaré la palabra de la enfermera antes que la tuya»
Juntaron nombres y horas, repitiendo la noche minuto a minuto. Elena describió el momento en que se abrieron las puertas: el sonido de la lluvia, el olor a barro y la incredulidad que flotaba en el aire. «Espero que encuentren y castiguen a quien le hizo esto», dijo en voz baja. El detective mayor asintió. «No escatimaremos esfuerzos»