Una azafata le susurra: «Tiene que bajarse de este avión inmediatamente» – La pasajera se queda helada al saber la verdad..

La puerta del avión permanece cerrada. Ningún movimiento. Ningún anuncio. Sólo el zumbido de los sistemas en funcionamiento y el peso de la espera presionando la cabina. Alyssa se quedó inmóvil, con la idea formándose lentamente, incómoda: ¿y si no se trataba de un error? ¿Y si era un objetivo?

Alyssa notó que la tripulación se movía con un nuevo propósito. Aparecieron portapapeles donde antes no los había. Volvieron a comprobar un manifiesto, allí mismo, en el pasillo, a mitad del embarque, como si hubieran pasado algo por alto la primera vez. El ritmo despreocupado de la preparación se transformó en algo más nítido, más deliberado.