Ahora se daba cuenta más que nunca: nadie le había preguntado nada. Ni sus preferencias. Ni su comodidad. Ni si quería volar o que le devolvieran el dinero. Ella no había elegido el asiento. No había elegido el vuelo. Simplemente la habían colocado aquí.
El número de asiento resonaba en sus pensamientos, despojado de significado. No le parecía personal. Parecía intercambiable, como una plaza libre a la espera de ser ocupada por el cuerpo disponible más cercano. Alyssa miró a su alrededor, preguntándose de repente qué significaba todo aquello.