El correo electrónico de confirmación llegó casi de inmediato. Demasiado rápido. Limpio. Impersonal. Sin nombre. Sin firma. Sólo instrucciones y un código de barras. Parecía menos un servicio de atención al cliente que una orden: breve, eficiente, incuestionable. Alyssa recordaba haberse sentido apresurada. No esperaba una solución tan rápida, no en esta época del año.
Se había dicho a sí misma que tenía suerte. Que, por una vez, el sistema había funcionado a su favor. No había que esperar. Ni discusiones. Ni caos en las puertas. Pero ahora, sentada aquí, se preguntaba si la suerte había tenido algo que ver, o si había habido algún propósito más oscuro al colocarla aquí.