El cambio de reserva se había producido sin que ella tocara nada. Sin agente. Ninguna conversación. Un itinerario sustituyó a otro en cuestión de segundos, como si la decisión ya hubiera estado esperando. Recordó haber mirado fijamente la pantalla, satisfecha por lo poco que había intervenido en su propio traslado de un avión a otro.
La asignación de asiento apareció al instante. Definitivo. No negociable. No había posibilidad de elegir, ni de ajustar. Sólo un número, colocado en su sitio con silenciosa autoridad. Alyssa recordó un parpadeo de sorpresa por no haber podido elegir; lo había ignorado entonces. Ahora parecía como si el asiento se hubiera elegido por alguna razón.