Tras años de separación, este perro callejero vuelve a ver a su dueño… no te vas a creer lo que hace.

El viento se movía detrás de ella. Respiraba. Cerca. El corazón le dio un vuelco. Se giró. Un pastor alemán estaba justo detrás de ella, quieto, perfectamente equilibrado, con las orejas hacia delante y los ojos ámbar fijos en los suyos. No era salvaje. No estaba perdido. Esperaba como había sido adiestrado para esperar. A Eleanor se le hizo un nudo en la garganta cuando los detalles encajaron: la silla negra, las patas color fuego, la pequeña muesca en la oreja derecha.

Su voz se quebró. ¿»Rex»? El nombre quedó entre ellos. Las orejas del perro se levantaron un poco: reconocimiento, no confusión. Eleanor levantó la mano, temblorosa. Por un momento, no pudo moverse, temerosa de que la esperanza volviera a castigarla. Rex acortó distancias primero. Su nariz se apoyó suavemente en la palma, cálida y sólida.