Sarah se quedó mirando el espacio vacío, con la cara sin color. «Lo sedé», dijo, con voz temblorosa. «Estaba dormido. Es imposible que se haya ido» La taza de Eleanor se le resbaló de los dedos entumecidos y cayó al suelo con un chapoteo sordo. «Alguien se lo llevó», dijo. «Alguien se llevó a Rex»
Sarah tiró de las llaves y se quedó inmóvil. La tableta sonó. La pantalla de carga desapareció. Un mapa llenó la pantalla: líneas limpias, un punto parpadeante y un rótulo contundente: RASTREADOR: ACTIVO. Sarah se quedó sin aliento. «Es un rastreador», dijo, y volvió a ponerse en movimiento. Eleanor agarró la tableta con ambas manos.