Vergonzoso, sí. Doloroso. Pero temporal. Entonces, una noche, sin previo aviso, Vincent trajo a otra mujer a casa. No tarde. No escondida. Lo suficientemente temprano para que Alexis aún estuviera en la cocina. La mujer era joven. Confiada. Cómoda.
Entró como si fuera de allí, como si la casa no acabara de tragarse a otra persona. Alexis se quedó helada mientras Vincent los presentaba, con un tono informal, casi cortés. Sin disculpas. Ninguna explicación. Sólo un hecho que se ponía delante de ella. Algo en su interior crujió, pero en silencio.