Sonreían. Sus abogados, extendidos a su lado como una pared, se pasaban documentos de un lado a otro con la tranquila certeza de quienes creen que el final ya está escrito. Vincent se recostó en su silla, relajado, casi aburrido. La expresión de un hombre que creía haber ganado antes de pronunciar la primera palabra.
Alexis los observó y trató de entender cómo había llegado a esto. Cómo un matrimonio que antes parecía sólido se había convertido en algo decidido por extraños trajeados. Buscó hacia atrás el momento en que debería haberlo visto venir; el día en que algo cambió y nunca volvió a su sitio.
Lo que Vincent no sabía, sentado allí con un ejército a sus espaldas, era que la confianza no te protegía de las consecuencias. Y fuera lo que fuera lo que creía que se llevaba ese día, no era la victoria que pensaba.