Cuidaba de su marido discapacitado a diario, hasta que miró las cámaras.

Permanecieron así, con las manos entrelazadas, ambos aún magullados, ambos aún aquí. Julie se inclinó primero. Marcus la encontró a medio camino. El beso fue pequeño. Cuidadoso. No una gran fijación. Pero cuando Julie se retiró, la frente de Marcus se apoyó en la suya por un momento, y su voz salió como una promesa.

«No quiero perderte», dijo. «No lo harás», susurró Julie. «No a los secretos» Marcus soltó un suspiro que sonó como si lo hubiera estado conteniendo durante meses. Y por primera vez en mucho tiempo, el salón no parecía un campo de batalla. Parecía un comienzo.