En el salón, la televisión estaba encendida: colores brillantes, risas enlatadas. Marcus estaba sentado en su silla, ligeramente inclinado hacia otro lado, como si hubiera estado escuchando más que mirando. Se giró al oír la puerta. «Julie», dijo, demasiado firme. «Has llegado pronto a casa» Julie no respondió a la charla. Se quedó en la puerta, respirando con dificultad, con los ojos clavados en él.
«¿Quién era?», preguntó. Marcus parpadeó. «¿Quién?» «La mujer», dijo Julie, con voz tensa. «La que acaba de estar aquí» Las manos de Marcus se apretaron contra los reposabrazos. «Aquí no había ninguna mujer» Julie dio un paso adelante. «No lo hagas» «Julie, no sé de qué estás hablando», dijo Marcus, y su tono era tranquilo de una manera que parecía ensayada.