Cuidaba de su marido discapacitado a diario, hasta que miró las cámaras.

En el aparcamiento, buscó las llaves dos veces antes de abrir el coche. Condujo como si las carreteras fueran más delgadas de lo normal, como si cada semáforo en rojo fuera un insulto personal. Sus manos apretaron el volante con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos. Todo lo que podía ver era la mano de la mujer en el router. El cable tirando. La pantalla congelándose a mitad de la verdad.

La mente de Julia rebobinaba la escena obsesivamente, buscando un significado como una herida busca una razón para sangrar. ¿Sabían algo de las cámaras? ¿Por qué parecía que Marcus intentaba detenerla? ¿Por qué no quería que Julia lo viera? Entró en su calle demasiado deprisa, con los neumáticos haciendo crujir la grava al borde de la acera.