Se arrodilló, el cargador colgando de su mano como una idea de último momento, como si no fuera la verdadera razón por la que estaba allí. Julia se inclinó hacia la pantalla, con el pulso acelerado. La mano de la mujer desapareció detrás del televisor. Se movió, bajando los hombros, y por un segundo Julia vio moverse la pequeña caja negra del router. Un cable dio un tirón. Las luces parpadearon. No.
El pulgar de Julia se cernió sobre la pantalla como si pudiera atravesarla y detenerla. Entonces Marcus se movió. No en la silla, sino fuera de ella. Fue repentino y erróneo, como ver una estatua cobrar vida. Las palmas de las manos golpearon los reposabrazos, los músculos de los antebrazos sobresalieron al empujar. Su torso se elevó.