Cuidaba de su marido discapacitado a diario, hasta que miró las cámaras.

Llevó la pequeña caja al salón y la abrió con dedos temblorosos. Las cámaras eran más pequeñas de lo que esperaba. Casi delicadas. Sostuvo una entre el pulgar y el índice y miró fijamente el objetivo.

Le devolvió la mirada, indiferente. Julie se movió por la casa con silenciosa precisión, colocando los dispositivos donde pudieran pasar desapercibidos: detrás de un marco de fotos inclinado hacia el sofá, cerca de la estantería que daba al espacio abierto, metidos cerca del espejo del pasillo. Uno en la esquina de la cocina que daba a la puerta trasera. Otro apuntando a la entrada principal.