Julia se quedó allí, mirando el pestillo medio girado, el equipo revuelto, el desorden demasiado grande que había. Se le hizo un nudo en la garganta. No sabía qué la asustaba más: la idea de que alguien hubiera entrado a robar o la idea, aún peor, de que alguien hubiera estado aquí más de una vez.
La primera vez que lo mencionó, Marcus apenas levantó la vista del televisor. «Probablemente lo hiciste sin pensar», dijo. «No lo hice», respondió Julie, y oyó la tirantez en su propia voz. Marcus suspiró como si ella estuviera añadiendo un problema a un día que ya tenía demasiados. «Julie, vamos. No pasa nada»