Su madre llevó un vestido de novia a su boda: la reacción del novio la dejó atónita

Rowena también se puso en pie. «Nunca quise hacerte daño», dijo. Ashley asintió. «Lo sé», respondió, dándose cuenta de que lo decía en serio. La comprensión no borró el dolor, pero le dio forma, algo humano en lugar de imaginario.

Cuando abrieron la puerta, la sala de espera se quedó en silencio. No se ofrecieron explicaciones. La ceremonia se reanudó sin espectáculo, sin susurros. Sólo quedó un sutil cambio, invisible para cualquiera que no hubiera estado en aquella sala.