Ashley se quedó paralizada. «¿Tu hija?», repitió. «¿Qué tiene eso que ver con Bill?» Su voz sonaba distante a sus propios oídos. Bill cerró los ojos brevemente, como preparándose. Cuando los abrió, ya no había confusión, sólo reconocimiento.
«Lo recuerdo», dijo Bill en voz baja. Apenas le llegaba la voz. Ashley se volvió hacia él, atónita. «¿Recordar qué?», preguntó. Él tragó saliva. «La calle. La hora. La lluvia empezó justo antes de que subiéramos al coche» Cada detalle cayó como un golpe que ella no había visto venir.