Fue entonces cuando vio una mancha blanca moviéndose entre la multitud. Al principio, su mente se negó a darle sentido. El color le llamó la atención de forma equivocada, destacando demasiado claramente, demasiado audazmente, frente a los tonos más suaves que lo rodeaban.
Se le revuelve el estómago. La sensación fue repentina y física, como perder un peldaño en una escalera. Sintió que el mundo se reducía a ese único detalle, que la lenta comprensión se desarrollaba antes de que pudiera detenerla o explicarla.