A pesar de todo, Rowena se mantuvo serena, distante y educada. Ayudaba cuando se le pedía y se apartaba cuando no se la necesitaba. Su comportamiento nunca se acercaba a la crueldad, pero tampoco se suavizaba, manteniendo la cuidadosa línea emocional que Ashley esperaba de ella.
Ashley empezó a interpretar esa neutralidad como un juicio silencioso. Lo que antes le parecía meramente reservado, ahora le parecía punzante, intencionado. Cada comentario y cada respuesta mesurada parecían la confirmación de una crítica. Rowena nunca decía nada, pero Ashley sentía constantemente que algo rondaba en el fondo.