El director de un banco hace esperar dos horas a un anciano agricultor: su cara cambia cuando entran los miembros del consejo de administración

Recogió la carpeta del aparador, una cosa de cuero desgastado que Margaret había guardado en el cajón de su escritorio durante años, de esas con una goma elástica alrededor. Ella la había organizado en algún momento antes de enfermar, etiquetándolo todo con su cuidadosa letra.

Él lo había revisado después de que ella falleciera, despacio, página a página, sin entender la mayor parte de lo que miraba pero sin querer dejarlo tampoco porque su letra estaba en los márgenes y su letra era algo suyo que aún conservaba. Supuso que eran papeles de cuentas. Algo que la mujer del teléfono le había dicho que podría necesitar llevar.