Podía sentir las cabezas giradas sin verlas, la quietud que había sustituido al ajetreado zumbido de la mañana. Fitch se enderezó la chaqueta y bajó la voz, lo cual era peor que si la hubiera levantado. «Señor Boone. Tome asiento y espere hasta que yo esté disponible, o vuelva otro día. Esas son sus opciones» Una pausa, precisa y deliberada. «Yo elegiría una»
Elías le miró durante un largo instante. Pensó en su abuelo rompiendo aquella tierra a mano. Las veinte hectáreas de su padre. Cada sequía, cada pérdida, cada mañana antes del amanecer porque a la tierra no le importaba lo cansado que estuvieras. Pensó en Margaret en la ventana de la cocina con su café, observando el campo del este como si fuera algo digno de ver.