No sabía qué había esperado al entrar en la Caja de Ahorros Hargrove aquella mañana. Algo sencillo. Algo que Margaret hubiera resuelto en veinte minutos. En lugar de eso, llevaba dos horas sentado en la misma silla mientras el vestíbulo se movía a su alrededor como si él no formara parte de él.
Lo había intentado todo de la manera correcta. Esperar. Había sido educado. Se había disculpado por cosas que no eran culpa suya. El hombre con el que le habían citado no había abierto la puerta ni una sola vez. Elías creía saber lo que significaba la paciencia. Empezaba a pensar que se había equivocado.
Entonces lo oyó. El nombre de su mujer. El nombre de su granja. Dicho en voz baja a través del vestíbulo por alguien que no tenía motivos para pronunciar ninguno de los dos. Levantó la vista y vio a dos personas que miraban rápidamente hacia otro lado, sus rostros transmitían algo que él no podía nombrar pero cuyo peso podía sentir desde el otro lado de la habitación.