Al cabo de unos minutos, las sirenas resonaron en la calle. Primero llegaron los coches de policía, seguidos de un camión especializado en bombas. Los agentes establecieron rápidamente un perímetro y obligaron a los vecinos a entrar en sus casas, mientras los técnicos en explosivos se acercaban al patio ataviados con equipos de protección y actuando con la cautela precisa de quienes han sido entrenados para prever los peores escenarios.
Los técnicos evaluaron el cofre, comunicándose con frases entrecortadas y practicadas. Lo levantaron con cuidado utilizando herramientas reforzadas y lo colocaron en un carro a prueba de explosiones. Un técnico miró a Walter con una expresión solemne que hizo que se le retorciera el estómago. Manejaban la caja como un depredador dormido.