«Odio la idea de los extraños», admitió Carrie una noche, meciendo a Maxine mientras se dormía. «Aún es muy pequeña» Mike sabía a qué se refería. Se imaginaba dejarla en casa, manos desconocidas, habitaciones llenas de niños llorando.
La idea le hizo un nudo en el estómago. Fue entonces cuando Carrie sugirió a su madre. Eleanor Whitman nunca había sido cruel. Ese no era el problema. Era precisa. Decidida. Segura.