«Creo», dijo el médico con cuidado, «que podemos haber encontrado su respuesta» Se enderezó. «Vamos a analizar lo que tiene debajo de las uñas. Inmediatamente» La espera se repitió, pero esta vez fue más aguda, más pesada, cargada de temor. Cuando llegaron los resultados, no quedaba lugar a dudas.
Trazas de pesticida. No lo suficiente para dañar a un adulto. Pero para una niña del tamaño de Maxine -exposición repetida, ingestión directa- lo explicaba todo. La fiebre. El letargo. La pérdida de peso. Los vómitos. «No fue envenenada intencionadamente», dijo el médico con suavidad. «Pero estuvo expuesta. Con el tiempo»