Le dio a una madre sin techo las llaves de su casa de la playa y al volver descubrió algo escalofriante

La reunión fue bien. Mejor de lo esperado, en realidad. Pero Altha se distrajo más de una vez. Su mente volvía una y otra vez a la mujer del aeropuerto. A la niña. A las llaves que había entregado sin pensárselo dos veces. No había nada de valor en la casa. Aun así… Era una decisión extraña.


Al segundo día, intentó llamar. No contestó. Volvió a intentarlo más tarde. Seguía sin contestar. Altha frunció el ceño. «Probablemente esté ocupada», murmuró. Pero a medida que pasaban las horas, sus pensamientos empezaron a cambiar. ¿Y si había malinterpretado la situación?


¿Y si nadie más había ayudado por alguna razón? Sacudió la cabeza. No. Ella misma había oído esa voz. Era imposible que fuera falsa. Aun así, había algo en el silencio que no le cuadraba.