La voz volvió, esta vez más baja. «Ya te lo he dicho… no me queda nada» Altha dudó. Cambió de peso, debatiendo si salirse de la línea. No era asunto suyo. Tenía que ir a un sitio. Pero algo en la forma en que la mujer hablaba -no en voz alta, no dramática, sólo… cansada- la hacía sentir real. No como alguien que pide atención.
Como alguien que se ha quedado sin opciones. Altha miró hacia delante, hacia la línea. Luego hacia el pilar. Aún podía alejarse. Nadie esperaría que se involucrara. Pero sus pies se movieron antes de que pudiera disuadirse. Salió de la cola y caminó hacia la voz.
Al acercarse, los vio. Una mujer joven, sosteniendo a un niño pequeño cerca de su pecho, tratando de mantener su voz firme. Por un momento, Altha se quedó allí. Entonces habló.