La extraña razón por la que cada vez más gente pone pastillas de jabón bajo sus sábanas todas las noches

Ciencia y olfato: ¿qué ocurre realmente?

¿Existe algún fundamento científico para esta lógica de la «espuma»? A menudo, los médicos se apresuran a señalar que no existen datos clínicos que demuestren que el jabón pueda curar una afección neurológica. Sin embargo, los investigadores han propuesto algunas teorías fascinantes. La más popular tiene que ver con el magnesio o con la liberación de iones del aroma del jabón. Muchos jabones tradicionales contienen magnesio, un conocido relajante muscular. La teoría sugiere que, al calentarse con el calor corporal, el jabón libera trazas del mineral o de aceites esenciales como el linalool (presente en la lavanda), que se absorben a través de la piel o se inhalan para calmar el sistema nervioso.

Otro argumento de peso es el efecto «sabiduría de la abuela», también conocido como efecto placebo. Nuestro cerebro suele ser susceptible a la sugestión. En otras palabras, si tu cerebro cree que la presencia del jabón detendrá los calambres, el sistema nervioso parasimpático puede entrar en acción, bajando los niveles de estrés y reduciendo la intensidad percibida del SPI. Algunos expertos sugieren también que los compuestos orgánicos volátiles (COV) del jabón podrían afectar a los nervios locales de las piernas.

Tanto si se trata de química como de un ingenioso truco de la mente, el «efecto jabón» es tan persistente que incluso algunos médicos han dejado de burlarse y han empezado a decir: «¡Bueno, no puede hacer daño!»