Un espejo puede hacer que un salón parezca más luminoso, más grande y más pulido en cuestión de segundos. Es uno de esos trucos de decoración que parecen casi infalibles, precisamente por eso mucha gente cuelga uno sin pensar demasiado en lo que realmente refleja. Pero ese reflejo es toda la historia. Un espejo no sólo ocupa espacio en la pared. Duplica lo que tenga delante, ya sea una hermosa luz natural, un rincón acogedor o algo que haga que la habitación parezca recargada e incómoda.
Por eso, la colocación de un espejo puede influir en el ambiente de todo el salón. Cuando esta en el lugar correcto, su espacio puede sentirse abierto, equilibrado y acogedor. Cuando está en el lugar equivocado, la habitación puede parecer de repente más dura, más desordenada o extrañamente estresante, aunque no pueda explicar inmediatamente por qué. Es posible que perciba más deslumbramiento, más caos visual o una distribución que nunca parece estar ordenada.
El mayor error que comete la gente es suponer que cualquier pared grande en blanco es una buena candidata. Y no lo es. De hecho, hay un lugar especialmente común que a menudo hace más mal que bien. Puede parecer práctico, e incluso puede estar bien a primera vista, pero con el tiempo puede hacer que su sala de estar se sienta menos tranquila en lugar de más elegante. La buena noticia es que suele haber un lugar mucho mejor, esperando a ser utilizado.