Los mejores conductores no suelen ser los más llamativos
No son los más rápidos. No son los más agresivos. Y no suelen ser los que intentan demostrar nada. Son los que dejan espacio, permanecen alerta, mantienen la calma y evitan los mismos pequeños errores que causan problemas una y otra vez.
Esa es también la parte tranquilizadora. Conducir mejor no suele requerir grandes transformaciones. La mayoría de las veces, sólo significa darse cuenta de los hábitos que silenciosamente le hacen menos seguro, y eliminarlos antes de que le cuesten algo.