Estaba cansada de los altos alquileres, así que convirtió este viejo garaje en un santuario

Al fondo del garaje se encuentra la parte más privada de la casa: los dormitorios. Chloe renunció a un altillo tradicional para mantener el techo alto y aireado. En su lugar, creó un «rincón de dormitorio» que parece un cálido abrazo. La cama está escondida en la pared del fondo, con gruesas sábanas blancas, mantas de lana con textura y abundantes almohadas. Justo encima del cabecero hay una gran ventana desde la que se ven las estrellas por la noche y el sol por la mañana.

Junto a la cama hay una estantería que va del suelo al techo, repleta de novelas, guías de viaje y una lámpara vintage de latón para leer a altas horas de la noche. Este rincón del garaje es notablemente más silencioso, gracias al aislamiento adicional que Chloe ha añadido a las paredes. Es un espacio diseñado para la descompresión. «Cuando estoy aquí, me olvido por completo de que estoy en un garaje», dice. «Se siente como una cabaña escondida en el bosque, aunque la casa principal esté a sólo nueve metros»

Esta reconversión es más que una simple renovación; es un testimonio del poder de la imaginación y de la cambiante definición de «hogar» Al tomar un espacio destinado a las máquinas y llenarlo de luz, arte y comodidad, Chloe ha creado un proyecto de vida asequible y con estilo. Cuando cierra la puerta detrás de nosotros, queda claro que el «garaje normal» que veíamos desde la calle hace tiempo que desapareció, sustituido por un santuario que es tan único como la chica que lo construyó.